Una hermosa y exótica flor de veintinueve pétalos andaba
sin estar arraigada en la firmeza del suelo. Un día, vio los campos
pertenecientes a la baronesa de Zabala y decidió arraigarse allí. Todo parecía
amor, paz, tolerancia y respeto en aquella comunidad ecológica de varias
flores, todas bajo la supervisión de la baronesa.
Con el tiempo, aquella exótica flor notó que la predica de
amor, paz y tolerancia tan solo era un fugaz espejismo, pues lo que en verdad
existía era oscuridad en los campos de aquella noble. Las flores que convivían
en aquel campo vivían bajo el terror de aquella dictadura de tono fascista.
El amor que se predicaba era en realidad el culto hacia la
baronesa, la tolerancia de aquel lugar estaba bajo la vara de medir de la
baronesa, y por lo tanto, la justicia era la justicia de sus ojos, y finalmente
el respeto era dado solo si se le rendía el culto cuasi adoración religiosa a
la baronesa de Zabala.
Esta flor exótica, a diferencia de las demás compañeras
temerosas, poseía varias cualidades que le habían sido dadas en un tiempo
atrás. Era como una serpiente, astuta, sigilosa, observadora y con buen
conocimiento en el arte del camuflaje. Así que, mientras estaba bien camuflada,
esta flor decidió buscar nuevos terrenos donde pudiera mejorar su ser.
Pasado un tiempo, la exótica flor consiguió un terreno
nuevo, dejando así la vida en aquel campo lleno de hipócrita atmósfera de veneración
hacia la poco inteligente baronesa.
El furor de este antagonista se hizo evidente y cayendo en
lo más bajo, recurrió a lo que el nivel de su inteligencia podía expresar:
insultos y gritos cual asno que rebuzna. Esta flor, sabiendo el puesto que tenía,
ni se inmutó a tales expresiones de amor por parte de la baronesa y se retiró
del campo, sabiendo que había ganado la guerra tácita y estratégica, puesto que
en todos los terrenos en los que se enfrentó a la baronesa, venció.
Finalmente, esta flor ahora arraigada en nuevas tierras se
desarrolla en un campo nuevo y con una nueva rectoría nueva y diferente, donde
no existe culto a la personalidad y donde no hay cabida a los espejismos.
Deseando de que las demás flores abandonen el temor y con valor
desechen ese campo de esterilidad.
FIN
POKOTO
Comentarios
Publicar un comentario